La diferencia es el 9

 

UD Logroñés, 4 – Navalcarnero, 0.

 

Coulibaly se marcha de un rival. / Díaz Uriel.

 

La presencia de Coulibaly y de Espina en punta dota al equipo de soluciones ofensivas suficientes para aplastar al Navalcarnero desde la intensidad colectiva

La UD Logroñés se deshace de un rival directo, suma por fin la segunda victoria consecutiva de la temporada y Sergio Rodríguez alarga su idilio con el banquillo

 

@smorenolaya.

 

Caneda corre para poner el balón en movimiento. Ni el rival está descolocado ni su pase con las manos tan siquiera es hacia adelante para superar varias líneas. Ni mucho menos. Su centro va hacia atrás y busca a Amelibia. Es una cesión. Sin más. Pero quiere poner el balón en movimiento rápidamente, aunque el central vasco lo conduce en su propio campo. Todo va rápido, no hay descanso, ni tan siquiera en un saque lateral. Caneda lo pone en movimiento a toda velocidad desde la banda, no vaya a ser que pille al rival despistado, hay que seguir en la cresta de la ola. Era el minuto 35 de partido. El asunto iba empate a cero. Pero el gol tenía que llegar…

Muneta, en el minuto 66 estrella un balón en la cruceta después de un disparo salvaje desde la frontal. Sus compañeros le habían llevado el cuero hasta allí en bandeja. Miguel, Rico, Caneda, Amelibia, Remón… otra vez Rico, Salvador (por supuesto), Muneta, Reguilón, Espina, Coulibaly, Paredes… y Espina que dispara desde dentro del área, espectacular reacción del meta, y la jugada sigue viva: desde la izquierda le ponen otro balón perfecto a Muneta, que casi marca el quinto por toda la escuadra. El balón sale en un rechace eterno que pilla al equipo desmontado en un 4 para 3 favorable al Navalcarnero. El asunto iba ya 4-0. Poco miedo. Y menos cuando se observa cómo al sprint salen cinco jugadores blanquirrojos a robar la pelota. Lo logran. El rival ni pisa esta vez el borde del área contraria…

 

El equipo celebra uno de los cuatro goles. / Díaz Uriel

 

… Dos jugadas que lo explican todo. También lo del gol, claro. Dos jugadas que marcan un antes y un después, a modo de comprensión colectiva de por qué antes, nada, de por qué el equipo perdía una y otra vez y le hacían goles por todos los costados; y ahora, dos semanas después, el asunto ya no es recibir goles, ya no es ganar dos partidos seguidos de una vez por todas; el asunto ahora es que este equipo, en Las Gaunas, goleó a un rival directo en un ejercicio de aplastamiento perfecto, donde todo el mérito descansó, lógicamente, en los jugadores, que bien situados sobre el césped y con las recomendaciones necesarias a modo de mecanismos aprendidos en el juego durante la semana, encontraron las vías precisas para destrozar al equipo contrario. De principio a fin, con rotundidad, sin paliativos ni anestesia. Cuatro goles, una goleada, en los minutos claves, dos antes del descanso, otro a la hora de juego, y el último cuando quisieron, que fue en el 65. Cuatro puñetazos para tirar a la lona a un rival que alucinaba con lo que estaba viendo sobre el césped. Y para constatar una máxima incuestionable, irrefutable e indiscutible en este deporte: que esto depende en su mayoría de los jugadores. De ellos es la responsabilidad de acertar, de fallar, de ir o no ir, de correr o no hacerlo, de apretar, de tener intensidad, de sentir el fútbol saliendo por los poros de su piel… Sudar fútbol para ganar a un rival directo, llegar a los 41 puntos y lanzar un grito de alivio a los cuatro vientos: “Ya era hora, menudo alivio”.

 

Y Coulibaly es un relato certero de la dimensión de este cuento

 

Este juego es de lo jugadores, y la gran diferencia siempre hay que buscarla sobre el césped. Es ahí donde se cuentan las grandes historias. Y Coulibaly es un relato certero de la dimensión de este cuento. Y comieron perdices porque el de Senegal controla la pelota, porque el africano se para y arranca que da gusto verlo, porque espera para abrir a banda, porque rompe en constantes diagonales, porque advierte y se para con el grito de Sergio Reguilón que sabía que el primero era suyo y no necesitaba ayuda alguna. Porque Coulibaly ocupa los espacios libres con la intención de hacer daño, porque va y va, porque incluso hasta aparece por la zona de remate, y si no por banda para asistir. Porque tiene ganas, porque está en forma, porque lleva quince días en el equipo y sabe que Paredes es un recurso inagotable… Coulibaly es la manifestación de que esto, en los días claves, es de los jugadores. Y el de Senegal fue la punta de lanza, fue el 9 esperado, ese que no necesita marcar para dejar claras las diferencias. Crea espacios para que Reguilón o Espina o cualquier otro se hinchen a meter goles, y su equipo gane. Y la plantilla lo sabe, lo siente y todos lo ejecutan sobre la hierba. Por eso Caneda y Amelibia respiran con alivio, ya no es necesario mirar tanto hacia atrás. Por eso, Remón realiza una clase magistral por delante de los centrales. Por eso Carles Salvador y Antxon Muneta ponen el partido en la admiración absoluta. Por eso se gana un partido ante un rival directo por aplastamiento. Porque por fin, y ya iba siendo hora, la UD Logroñés siente que puede marcar la diferencia con su 9, que por fin dispone de un recurso ilimitado en el área contraria. Y un 9 es determinante cuando marca, pero es vital cuando el resto del equipo siente y brilla porque saben que el mejor en el partido de esta jornada llevaba la blanquirroja. Y su nombre es Coulibaly, Salvador, Paredes, Muneta, Reguilón, Remón, Espina…

 

FICHA:

UD Logroñés: Miguel; Rico, Caneda, Amelibia, Paredes; Muneta (Javi Rey, m. 78), Remón, Salvador, Reguilón (Juanfran, m. 83); Espina (Traver, m. 73) y Coulibaly.

Navalcarnero: Olmedo; Stevens, Catena, Jesús, José Antonio; Alonso (Juame, m. 53); Cifo (Garci, m. 66), Buil (Chema, m. 45), Joaquín, Barbosa; y Adán.

Goles: 1-0, m. 40, Reguilón. 2-0, m. 41, Espina. 3-0, m. 61, Espina. 4-0, m. 65, Reguilón.

Árbitro: Rezola Etxebarria, del colegio vasco. Amonestó al local Amelibia, y al visitante Cifo.

Incidencias: Partido jugado en Las Gaunas. Tarde fresca y con mucho viento. 2.700 personas en las gradas del estadio logroñés. Un centenar de ellos desplazados desde tierras madrileñas.

 

futbolme.com

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