Fiebre contagiosa

Y llegó el penalti de la ilusión para la UD Logroñés, el de los nervios para Rodri y cía, pero mantuvieron la sonrisa. “Esto es fútbol”, nos insistía

@MCasado7

El fútbol es un estado de ánimo, que diría el grandilocuente de Jorge Valdano. Pero, ¿qué es en realidad el fútbol? ¿Tan importante es como para que a mediados de noviembre, sin ser un partido definitivo, dejes a medias la celebración de los 62 años de tu padre —hecho comprendido por su parte—? ¿Como para mover a 1.300 personas de una ciudad de 35.000 habitantes, un domingo durante el primer tercio de competición? A menudo es complicado responder a esta pregunta de forma racional. No hay madre que lo entienda, a no ser que padezca la misma ‘fiebre’.

Aficionados blanquirrojos el domingo pasado. Fernando Díaz.

Así que cómo explicar lo que quizás no tenga explicación. Eso que iguala de un plumazo a la misma categoría a la afición de un ‘primera’ con la de un ‘segundab’ o de un ‘regionalpreferente’. Eso que se siente cuando sabes que tu equipo juega un partido diferente, contra el líder, contra una afición que anima como pocas… Los sentimientos que nos mueven se repiten, la forma de ponerlos en práctica a veces difiere. Que se lo pregunten si no al mirandés Rodri y sus amigos, que aunque suene a chavalería, la mayoría no cumplirá 55 años otra vez.

Aficionados rojillos el domingo por la tarde. Fernando Díaz

Rojillos de corazón, seguidores del CD Mirandés; Rodri y cía aterrizaron el domingo en Logroño como otros cientos de personas. El objetivo: ver ganar a su equipo ante la UD Logroñés. Bueno, quizás eso era colateral… No mostraron síntomas de ansiedad por llegar puntuales al campo, eso estuvo claro. Corría el minuto 18 cuando Rodri y su media docena de amiguetes encontraron aposento entre los aficionados de la UDL. ¿Que Rúper había adelantado a los suyos en el minuto 3 y se lo habían perdido? Pues no pasaba nada, alegría doble: digestión más agradable. No tenían que ocultar que estaban alegres, se dejaba sentir: esas sonrisas de conquistadores de plazas ajenas, con buen disfrute gastronómico y vinatero previo. ¡Qué más se puede pedir! Eso es llegar y besar el santo.

Así que con el viento de cara, era cuestión de pensar cómo mantener el nivel de satisfacción en Las Gaunas… Y casi sin centrarse en el partido, en el minuto 24, apareció Yanis y les dio otro momento de goce, 0-2. “Que digo que… ¿aquí las cañas son… con o sin?”, demandaban a los aficionados locales. Estaban dicharacheros, se les notaba con ganas de relacionarse. De repente, mientras uno de ellos se lanzó a localizar la posible caña con efectos mágicos, porque según dice la leyenda haberla hayla; otro, con estilo de aizkolari, comenzó a solicitar colaboración ciudadana: “Un mechero, por favor”. El premio para el solidario que le alumbrara la tarde estaba al nivel de su propio placer: un puro de regalo. Ya se sabe que, aunque cada vez sean menos habituales, no hay fútbol sin puro cerca.

Gran ambiente visitante en Las Guaunas. Fernando Díaz.

Poco a poco el grupo de maduritos mirandeses se iba ganando a sus vecinos. Ellos reían solos —razones no les faltaban— y, a pesar de ir perdiendo, los seguidores de la UDL, entre suspiro y suspiro, se iban contagiando de su entusiasmo. Porque si algo demostraron Rodri y sus amigos es que el fútbol es para compartirlo. Que bajan al descanso a por la caña mágica y no la encuentran, pues solicitan en voz alta si alguien comparte un poco de su petaca con ellos. Pero, cuidado, ellos eran los primeros en dar ejemplo repartiendo su disfrute. Porque ante la falta de reconstituyentes líquidos buenas son las chucherías para seguir endulzándose la tarde y hacer lo propio con los sufridores aficionados blanquirrojos. “¿Unas gominolas?”, ofrecieron a diestro y siniestro, pero con sentimiento, insistiendo si recibían una negativa. Había que hacer aprecio: una mora ponía en nuestras bocas la primera nota dulce de la tarde. Todavía había tiempo, quedaban 45 minutos de esperanza. Para ellos solo 45 minutos de seguir disfrutando en Las Gaunas.

La mejor cantera blanquirroja. Fernando Díaz.

Y llegó el penalti de la ilusión para la UDL, el de los nervios para Rodri y cía, pero mantuvieron la sonrisa. “Esto es fútbol”, nos insistía el descaradamente más joven del grupo. Y así voló la segunda mitad… Y llegó el último tiro de Cervero, el que lanzó con la portería vacía y con todo menos con ilusión y convicción. “Este todavía os quiere mucho”, reconocían los amigos mirandeses. Y tocó afrontar la despedida; esa que te da lástima incluso cuando apenas conoces el nombre de uno de ellos; cuando la diferencia de edad es notable; cuando defiendes diferentes colores; cuando su estado de ánimo no es el mismo que el tuyo y mucho menos la clasificación de los equipos en la tabla. Pero en el fondo está la sensación de que nos une la misma ‘fiebre’ contagiosa, esa que alguien dio en llamar ‘fútbol’.

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