El final de la ‘pousomanía’

Carlos Pouso cierra su etapa en la UD Logroñés para dirigir al Racing, un rival directo de los riojanos

El ‘pousismo’ llega a su fin de forma abrupta y con la sensación de que hace quince meses las cosas se pudieron haber hecho de otra manera

@smorenolaya

Son ya unas cuantas las llamadas que he recibido a lo largo de esta jornada para desde el otro lado hacerme dos preguntas bastante habituales en estos procesos de descomposición, por un lado, y de creación, por el otro. Llamadas que aumentan considerablemente cuando en el móvil te sorprende por primera vez un 942. Sabes que habrá más. Aquello es otra película.

Carlos Pouso en las instalaciones del Mundial’82, ya como director deportivo. Fernando Díaz

-¿Qué tal es Pouso como entrenador?

-Aquí, hasta el momento, podemos decir que ha sido el mejor entrenador en la corta historia del club. Ha firmado dos play-offs de ascenso de forma consecutiva.

Es una respuesta sincera, basada en resultados deportivos incuestionables. Sin duda alguna, Carlos Pouso ha sido el mejor entrenador que ha tenido la UD Logroñés en estas nueve temporadas.

“¿Y cómo es como persona?”, preguntan preocupados desde Cantabria, sabedores de que la presión existente en el entorno del Racing de Santander puede resultar irrespirable para los propios, como Viadero o la leyenda Munitis, e inaguantable para los forasteros que acaban habitualmente superados por la ola de un club con una necesidad histórica como es la del ascenso a Segunda A. Necesidad histórica. En juego está nada más y nada menos que el futuro de una entidad con tanto lustre como el Racing de Santander, a la que el pozo de la Segunda B le está suponiendo, más que una anemia, un inicio preocupante de debilidad vital.

Y para esta cuestión, la de cómo es Pouso como persona, que parece preocupar mucho por Santander, la respuesta la dio el pasado 15 de julio de 2016 el propio técnico vizcaíno, que esta misma tarde ha comunicado lo que era un secreto a voces, que deja definitivamente la disciplina blanquirroja. Así se veía Pouso así mismo por aquel entonces. “Yo de bilbaíno tengo poco, eh.”, dijo a los medios que asistieron al primer entrenamiento de la temporada en la que finalmente Pouso fue destituido como entrenador pero manteniendo su puesto como director deportivo. “Soy de Leioa, de Lamiaco, en este caso; y mestizo de raza porque mi madre es vasca y mi padre, gallego. Entonces, tengo esa parte de bilbaíno de ‘echao palante’; y seguramente, de gallego el no saber si subo o si bajo, que es lo que se suele decir de los gallegos. Sé que es un poco difícil de entender, pero es lo que hay”. Y la rueda de prensa prosiguió como si nada hacia cualquier otra idea que al técnico le apeteciera compartir.

Carlos Pouso es un “‘echao palante’” que nunca se arruga, que presume de sabérselas todas en esto del fútbol, aunque al mismo tiempo es capaz de reconocer que no sabe si va o viene, si sube o baja, o si se arranca o frena. Una afirmación, aquel 15 de julio de 2016, que vista con la perspectiva dada por este año y medio de pérdida constante de confianza mutua entre la entidad y el director deportivo viene a adelantar lo que finalmente ha ocurrido: primero, su despido en diferido como técnico; a continuación, su mantenimiento por su experiencia al frente de la dirección deportiva; y después comenzar el principio del fin con el reconocimiento por parte de Félix Revuelta de que durante el verano pasado se fichó mal (cuatro de sus fichajes más importantes fuera del equipo en la ventana de invierno), y al mismo tiempo cerrar el último tramo de fichajes con dos licencias sin cubrir a la espera de algo que al menos Pouso se marcha sin dejar solucionado.

Foto @pvarona89 (Twitter).

Hoy se ha hecho oficial su salida, y las especulaciones no han parado de aumentar alrededor de su figura, y que no ha quedado nada claro tras su última rueda de prensa. Porque mientras Juanjo Guerreros, vicepresidente de la entidad, explicaba a todos lo siguiente: “En su momento, hace cosa de un mes y pico, Carlos (Pouso) nos comunicó tanto al señor Revuelta como a mí que había tenido un contacto con la directiva del Racing de Santander (…)”; el ya ex director deportivo le corregía en estos términos en cuanto tuvo turno de palabra: “Es que creo que Juanjo (Guerreros) se ha confundido. Es cierto que tuve a través de un representante una posibilidad y yo hablé de abrirme la puerta no al Racing sino a partir del 31 de enero”. Juanjo Guerreros asiente, y Pouso remata: “Juanjo está un poco nervioso y le ha podido todo esto”.

Algo más de un año y medio para poner punto y final al ‘pousismo’ y la ‘pousomanía’ serigrafiada en las bufandas de algunos aficionados, algo nunca antes visto en la historia del club. El personalismo de un líder que revitalizó un proyecto bastante tocado tras el paso de Raúl Llona por el primer equipo. Pero finalmente, tras un año y medio en continua descomposición, el técnico vizcaíno se despide en medio de un temporal de nieve, y resulta inevitable recordar aquella primavera sevillana, justo tras la eliminación en la semifinal de ascenso a Segunda, para poner todo esto en su contexto, y tener una perspectiva histórica de dónde comenzó todo, o más bien dónde debió haber acabado, si Félix Revuelta y Carlos Pouso hubieran sido conscientes de la excesiva pasión del jefe hacia el vasco, y del sincero agotamiento del tótem blanquirrojo por sus amplias responsabilidades dentro del club. Eso no pasó. Y quince meses después, Pouso sale a destiempo para firmar por un rival directo, y así crispar a una afición que no acaba de comprender la supuesta rapidez con la que se ha producido todo.

 


Archivo TVR

 

Esta rueda de prensa es la frontera entre el éxito y el fracaso, y diferencia las dos etapas de Carlos Pouso en el club y lo que ha sido el pousismo para Logroño y la UD Logroñés. Del éxito casi rotundo (faltó el ascenso) a una marcha abrupta no exenta de polémica; del amor eterno a la decepción en un adiós que se adelanta cinco meses porque Pouso no podía dejar pasar la oportunidad de entrenar a un equipo grande. Es normal. Ya reclamaba -como lo ha vuelto a hacer hoy en su comparecencia de despedida- la atención de los equipos más importantes. Ahora, también resulta comprensible el sentimiento de decepción y desengaño que impera en estos momentos en el ambiente blanquirrojo ante la marcha de Carlos Pouso al Racing de Santander, sin duda uno de los principales rivales a los que hará frente Sergio Rodríguez y su equipo en busca de un nuevo playoff de ascenso.

 


José Luis García Iñiguez

 

Sin Sergio Rodríguez, “por motivos personales”, según Pouso, en la sala de prensa durante la última intervención del vasco en Logroño, y, eso sí, con parte de la plantilla ocupando la última fila de la sala de prensa, la UD Logroñés inaugura un nuevo periodo en su historia, fundamentado esta vez sí en un hombre de la casa, que salvó al equipo la temporada pasada, y que, poco a poco, va adquiriendo la experiencia necesaria para situar a los riojanos en el lugar que les corresponde por presupuesto, entusiasmo y ganas de hacer bien las cosas, sin gestos exagerados, declaraciones en ocasiones puntuales hacia la grada, y ese fino toque ‘poupulista’ que ha marcado un periodo algo intenso en cuanto a ‘dimes y dirites’.

 


Víctor de Pablo

 

Carlos Pouso deja a la UD Logroñés en mejor situación a como se la encontró en 2014 cuando andaba un tanto desorientada sobre los pasos a dar para lograr el objetivo del ascenso. No hay duda de que la entidad blanquirroja ha adquirido de Pouso su extensa experiencia para saber más cosas sobre todo aquello que hace falta para merecerse un ascenso. Pero igualmente cierto es que el técnico vasco estaba actualmente superado por la impronta que los nuevos responsables técnicos quieren darle a esta institución, empeñada una vez más en seguir dando pasos al frente en su proceso continuo de fortalecimiento. Y siempre que esto pasa hay gente que se queda atrás, mas cuando llega la oferta que uno andaba buscando desde hacía mucho tiempo.

El ‘pousismo’ y la ‘pousomanía’ se cierran con una intervención emocionante pero incompleta, con verdades como puños y con la sensación de alguna que otra verdad a media. Hay cuestiones que se han quedado sin resolver porque a buen seguro así lo quieren todos los protagonistas. Es indudable el sentimiento adquirido por Pouso en todos estos años. Han sido muchas las horas de desvelo, de nervios sufridos, y de kilómetros compartidos. Pero no es la salida esperada.

La firma de Pouso por el Racing abre una herida con parte de sus aficionados que solo el tiempo decidirá de qué forma se cierra. Quedan cinco meses de competición, y riojanos y cántabros comen del mismo plato. El Sardinero espera a la UD Logroñés a falta de tres jornadas, y, ante la irregularidad de ambos en la primera vuelta, seguro que con mucho en juego. El destino suele ser caprichoso y situar la escena en espacios extraordinarios. De ahí que esta tarde no haya quedado del todo claro un aspecto fundamental: la tranquilidad de conciencia ante la asunción de un escenario pocas veces visto en esto del fútbol, como hace unos meses fue su dimisión en diferido. La toma de una decisión con tantas aristas que a buen seguro al común de los mortales nos llevaría unos cuantos días tomar, y que Pouso, como aseguró en rueda de prensa, resolvió (si las negociaciones han sido como apunta el técnico vasco) en menos de 24 horas; eso sí, tras una noche en vela, o casi: “He dormido como unas tres horas”. Más que suficiente cuando un reto gigantesco llama a tu puerta y el que hasta ahora ha sido tu club no pone problema alguno a que un rival directo pueda disponer, sin duda, de un gran entrenador sin una gran contraprestación. Pero no solo ha habido detrás de esta decisión una cuestión de señorío, sino, tal y como ha asegurado Pouso esta tarde: “Era bueno que yo sacrificase mi salario para que la UD Logroñés se pueda reforzar lo más rápido posible”. Aunque tampoco debe ser del todo así. Y es que a lo Pouso, Pouso vive mejor.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *