Licencia para soñar

Una pregunta recurrente surge para quien no va a Las Gaunas: “¿Tan buen equipo hay?”. Víctor de Pablo ofrece una respuesta posible desde una comparativa que además permite establecer si ésta es o no la mejor plantilla de la historia de la UD Logroñés.

@vdepablo.

Aquel equipo tipo: Castilla, en portería; Fran Vélez, Jano, Raúl Torres, Iñaki, en defensa; Nacho, Sergio Rodríguez, en el eje; De Paula, Rubén Durán, Manu García, por delante; y Cervero haciendo goles. Suena bien, ¿verdad?

No hay que remontarse muchos años atrás (temporada 11/12) para darse cuenta de que una vez la UD Logroñés también fue un auténtico “transatlántico”, que diría Carlos Pouso, como ese Real Murcia o ese Racing de Santander de turno. Se confeccionó una plantilla que podía mirar de tú a tú a cualquier otra de la categoría. Daba miedo. Un equipo hecho con un único objetivo: el ascenso, aunque el balance tuviese que cuadrar a última hora a golpe de talonario. Pues bien, a pesar que que puedan surgir sospechas de que el arriba firmante no supere el control antidoping tras la redacción de este artículo, la Unión Deportiva Logroñés tiene esta temporada la mejor y más completa plantilla de su historia. No es lo mismo un conjunto de buenos jugadores que un buen equipo.

Manu García disputa un balón en Las Gaunas ante un jugador del Bilbao Athletic. / Sonia Tercero

Pero antes de continuar con esta suerte de alegato, hagamos un trato previo. Una vacuna contra los de “menudo flipado”. “Ganan un par de partidos y ya está aparcando cerca de la fuente Murrieta”. No es el caso, de verdad. Evidentemente, la temporada será muy difícil y a pesar de las buenas sensaciones iniciales, todo puede pasar (véase la mencionada 11/12). El largo invierno llegará, aunque esperemos que no con el Rey de la Noche a lomos de [espacio libre de spoilers]. Ya hemos tenido suficientes reyes de la noche en Logroño, incluso con más peligro que el de Juego de Tronos.

Reconocer la gran plantilla, cuerpo técnico y dirección deportiva que conforman la UD Logroñés en esta temporada no significa asegurar el ascenso. Ni siquiera el playoff. Una mala noticia: en Segunda B compiten una serie de equipos, alguno de cuyo nombre no quiero acordarme (“Agencia Tributaria style”), que disponen de tantos o más argumentos para soñar con lograr la matrícula de honor en este curso futbolístico. No obstante, con las cartas encima la mesa sabemos jugar todos, así que antes de que los resultados dicten sentencia, y aún a riesgo de que este texto me persiga en mayo más que a Manuel Bartual sus dobles, el aficionado blanquirrojo tiene motivos más que de sobra para estar ilusionado con su equipo.

Basta dar un vistazo al 1×1 elaborado por el jefe en este mismo sitio web para constatar el potencial de esta plantilla. Sin pretender individualizar lo que se ha logrado convertir en colectivo, no puede disimularse una sonrisa viendo los tres pilares en los que se sustenta la fortaleza logroñesa. Un general, un capitán y un comandante. Y con ADN riojano. Ahí es nada. Sergio Rodríguez es un tipo normal. Un muchacho de Lobete con un currículo profesional envidiable, del que no necesita presumir. Un hombre de club en el sentido más literal de la expresión, puesto que su trayectoria en los banquillos se ha ido cociendo a fuego lento para terminar siendo una referencia en la región. Sergio siempre habla en plural, y no lo hace por falsa modestia, sino porque sabe que sin los suyos remando todos a una, el barco se queda en la orilla. Antes o después, el tiempo lo dirá, pero el final perfecto a esta bonita historia de amor en blanco y rojo sería que Sergio fuese el entrenador del ascenso. Confiamos en ello.

César Remón es un parto ‘aprovechao’, que dirían en mi pueblo. Alguien capaz de llevar el timón de su equipo desde el centro del campo, forjar espadas en forma de fichajes, echar una mano al preparador del equipo cadete o acabar con los estigmas de algo tan natural como llamar a las cosas por su nombre. A los apellidos se les honra con hechos, no con fechas de (re)fundación. Bendito 10 de enero de 2017. Su fichaje se hizo oficial hace poco más de medio año y la sensación es de que lleva toda la vida aquí. Ojalá sean muchos años más.

La RAE debería incluir una nueva acepción para el término compromiso: Miguel Martínez de Corta. El capitán ha celebrado, ha sufrido, ha reído, ha llorado con la Unión Deportiva Logroñés. En un mundo como el del fútbol, tan volátil y con tantos escudos distintos a los que besar, un desempeño profesional intachable asociado a un evidente amor por los colores, hacen del guardameta riojano un valor incalculable para el club. La prolongación del aficionado en el terreno de juego. Un auténtico símbolo.

Más allá de estas tres portavocías del sueño, la seña de identidad de este proyecto es el bloque. Nuestro Frank Underwood particular, ‘Paredes 2020’; César Caneda protagonizando el curioso caso de Benjamin Button; Arnedo y Zubiri demostrando que con trabajo todo llega; Carles y Antxón haciendo de croupieres del balón; Ñoño con la escopeta cargada, y Titi como bala en la recámara; los Rayco e Iván Aguilar por una vez de nuestro lado… En definitiva, un auténtico equipazo. Un grupo sólido y unido. Las veintiuna espadas. ¿Cómo no vamos a creer en que esta vez es la buena?

La UD Logroñés en su partido más reciente en Lasesarre. / Fernando Díaz

Las casualidades no existen. La mejor plantilla de la historia de la Unión Deportiva Logroñés no podía surgir por ciencia infusa. Algunos de los bandazos que tuvieron lugar en las pasadas temporadas reclamaban una verdadera apuesta por disponer de un mayor músculo en la estructura deportiva e institucional. Este año se cuenta con un cuerpo técnico de lujo, un director deportivo con una agenda telefónica infinita y descargado de la presión diaria del banquillo, una cantera que crece a pasos agigantados y una junta directiva que se desvive por hacer un buen trabajo y a la que solo le falta el sueldo para ser considerada profesional.

Por primera vez desde aquel verano de 2009, además de la indispensable salud económica que garantiza Félix Revuelta, en la UD Logroñés confluyen todos los requisitos necesarios, que no suficientes, para luchar por dar el salto definitivo.

Por supuesto, hay muchos aspectos susceptibles de ser mejorados. Cosas de vivir en Segunda B. La crítica constructiva ayuda a crecer y la autocrítica aún más, ya que todo apunta a que el camino estará más lleno de espinas que de rosas, pero no reconocer el ilusionante proyecto que ha construido la Unión Deportiva Logroñés en esta presente temporada significaría obviar la realidad.

Quizá estemos pecando de optimistas y sea más prudente ponernos la venda en la herida antes de que sangre, pero para echarle más vinagre a la ensalada siempre hay tiempo. El ascensor que lleva a Segunda tiene muy pocas plazas y a buen seguro, a estas horas, un señor en Ponferrada y una señora en Cartagena estén tanto o más ilusionados con su equipo de lo que estamos ahora en Logroño. Eso también es verdad. De eso va el fútbol, a fin de cuentas. Y la vida. No obstante, no hay duda de que el Logroñés está en la estación correcta. Ojalá el tren del ascenso pase definitivamente por Las Gaunas.

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