Pasen y sientan

UD Logroñés, 2 – CD Tudelano, 1

 

Sentir la victoria tras 74 minutos de fútbol y control con dos goles de renta, y que todo cambie a partir del 75 con el tanto de Bravo para un nuevo ejercicio agonístico.
Paredes y Chamorro invitan a sus compañeros a golear al Tudelano, que pudo recibir el tercero antes de ponerse con tres atrás y llevar a los riojanos al límite de su esfuerzo

@smorenolaya. Logroño.

La rutina se rompe cada fin de semana en Las Gaunas. Levantarse, asearse, el desayuno olvidado en el microondas, conducir cual autómata hasta el trabajo, producir, comer, producir, las clases, el gimnasio, los niños, los baños, las cenas, un poco de tele, y oración y cierre. El tiempo y los relojes. Esta rutina se rompe cada fin de semana en Las Gaunas. Al estadio riojano se acude a sentir. Alegría, a veces. Frustración, ansiedad, leves taquicardias, euforia, tristeza, melancolía, jolgorio, abrazos, críticas, quejas, protestas, felicitaciones… Sentir fuera de la rutina de una vida ordenada, aseada y confortable. Al estadio riojano se va cada quince días a ver cómo sale la cosa, pero sabiendo que fácil no será, y que si hay final feliz la semana ya está más o menos apañada, porque todo lo demás, salvo tu equipo, parece en orden.

Tu equipo, sin embargo, gana, empata o pierde, que no deja de ser la rutina más habitual en esto del fútbol, pero resulta que los riojanos lo hacen todo con gran estilo. Cuando juegan, marcan las diferencias, y son los mejores. Cuando yerran ante el meta rival pegan grandes petardazos, y cuando todo parece controlado, como esta tarde, pues se empeñan en corregir el guion escrito y se hunden tras un gol de Bravo en el 75 para un cuarto final de infarto, vértigo, miedo y situación límite. Y es que a Las Gaunas, este año, se va a sentir, que no es poco en medio de una rutina de emociones controladas. La vida en clave de tener que ganar casi siempre.

Santos se dejó la cara durante el partido. / Fernando Díaz

Y todos lo hacemos como nos lo transmiten los futbolistas desde la hierba. Sus vidas transcurren sobre el césped a flor de piel. Desde la premisa de que ya no se puede fallar, la posibilidad de acertar o fallar está marcando los tres últimos partidos de este equipo, que se enfrenta a diez encuentros de aquí al final al límite. Y lo hacen con las emociones a flor de piel. Se sienten poderosos y débiles, confiados y duditativos… Todo al mismo tiempo. Y los transmiten a la grada sin disimulo alguno: se divierten, baile y a gozar; fallan, hundimiento y a sufrir. Emociones fuertes. Por eso mezclan con gran habilidad grandes decisiones con acciones del todo incorrectas. Y hay que acostumbrarse a esta realidad, a emocionarse en cada momento, a dejarse seducir por el furor del fútbol que en la Segunda B se explica siempre desde el acierto y el error. Piel en cada jugada.

Miguel no controla una cesión cómoda de Caneda. El balón que entra, Miguel que se lanza en plancha y despeja sobre la misma línea de gol. Tres minutos llevábamos de partido y ya el asunto apuntaba maneras. Susto en el cuerpo. En casi tres minutos el equipo estuvo a punto de tirar por la borda el trabajo de toda una semana. Remontar al Tudelano parecía una cuestión muy poco probable. Falló Miguel que reaccionó al mismo tiempo perfectamente. Todo en un mismo instante, así es este equipo.

Chamorro marcó en la primera que tuvo. / Fernando Díaz.

A partir de este fallo, acierto tras acierto hasta lograr el 2-0. Paredes con una gran jugada, que contó con el apoyo de Salvador, para resolver un mano a mano en el minuto 21. Una gran acción individual de la mejor versión del lateral zurdo que todos recordamos. Acierto tras acierto para aprovechar una mala salida de balón del Tudelano (ojo, los rivales en Segunda B también fallan), y Salva Chamorro, que pasaba por allí, se encontró con un mano a mano que mandó a guardar con suma facilidad de disparo cruzado. Ya está. Partido ganado. Primera final superada. No debía pasar nada más.

Y así sucede en otros campos, en otros equipos… Pero no en Las Gaunas ni con esta versión tan epidérmica de Logroñés. Cambio de los navarros a defensa de tres, que llegaron al minuto 70 con 2-0 y sin haber disparado a puerta. Todo controlado. Es más, Marcos André acertó tanto en una jugada individual por banda izquierda como luego acabó errando en la decisión final, en la definitiva. Debió dársela a Rayco, pero eligió salir a hombros. Debió ser el tercero. Falló. Y el partido no quedó resuelto, por lo visto posteriormente. Del 3-0 al 2-1, que dirían los clásico.

Todos miraron el reloj para acabar con la angustia. / Fernando Díaz

Santos había secado hasta el momento a Bravo, su mejor hombre. Se cambió de banda para un córner, y acabó siendo el primero de los navarros en jugada personal del extremo zurdo que se convirtió en derecho para poner de los nervios a los jugadores, al cuerpo técnico, a los recogepelotas, a los aficionados y hasta a los pobres niños que invitados por el club vieron un final de película de terror, que por fortuna tuvo final feliz. Este equipo es como se siente los partidos. No hay otra. Es dueño de sus aciertos pero también de sus errores. Expone y tropieza y no acaba de aprender la lección. Resulta que Marcos André, fresco, en el descuento, decide, en lugar de despejar en largo, tirarse en campo propio un autopase. No sale, claro. Y la jugada acaba en un remate de su central Meseguer en el área pequeña, que salió rozando el poste. No fue la única mala decisión (Rayco falló otro mano a mano con el 2-1) en este cuarto de hora final para ver de nuevo, analizar y explicar que el fútbol hay que sentirlo, que eso está muy bien, pero no hasta esos límites. Que las emociones hay que saberlas controlar, porque la hipersensibilidad lleva habitualmente al fracaso. Y si con algo debe aprender a vivir este equipo de aquí al final de temporada es que no tiene margen para el error: ganar en Las Gaunas y sumar fuera hasta que otros acaben pinchando en este Grupo II para pasarse por él y sentirlo en plenitud.

Ficha:

UD Logroñés: Miguel; Santos (Sotillos, m. 77), Caneda, Zubiri, Paredes; Muneta (César Remón, m. 64), Arnedo, Salvador, Ñoño; Rayco y Chamorro (Marcos André, m. 58).

CD Tudelano: Pagola; Iñaki Jiménez (Mika, m. 84), Zamorano (Fernando Delgado, m. 66), Barrera; Lázaro; Vega, Ardanaz, Bravo; Ion Vélez (Adán Pérez, m. 54) y Esnaider.

Goles: 1-0, m. 21, Paredes. 2-0, m. 30, Chamorro. 2-1, m. 75, Bravo.

Árbitro: Garcelán Docio, del colegio valenciano. Amonestó a Marcos Andrés; y a los visitantes Lázaro, Vega y Fernando Delgado.

Incidencias: 3.863 espectadores en Las Gaunas. Césped en perfecto estado. Tarde agradable en cuanto a temperatura. Se guardó un minuto de silencio en memoria de Quini.

 

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